En la búsqueda de una salud óptima, el momento de la actividad física puede ser más crucial de lo que se pensaba anteriormente, sugiere un estudio reciente publicado en Diabetes Care. Contrariamente a la sabiduría convencional, que recomienda cualquier ejercicio en cualquier momento, los investigadores ahora proponen que los entrenamientos nocturnos podrían ofrecer ventajas sustanciales, especialmente para las personas que luchan contra la obesidad y problemas de salud relacionados.

Realizado por científicos de la Universidad de Sydney y otras instituciones, el estudio examinó los datos de aproximadamente 30.000 participantes inscritos en el estudio del Biobanco del Reino Unido. Centrándose en aquellos con un índice de masa corporal (IMC) superior a 30 (indicativo de obesidad), los investigadores intentaron desentrañar el impacto de programar una actividad física de moderada a vigorosa en los resultados de salud durante un extenso período de ocho años.
Los participantes fueron segmentados en cuatro grupos según sus franjas horarias típicas de ejercicio: aquellos con actividad insignificante, deportistas matutinos (de 6 a. m. a mediodía), atletas vespertinos (del mediodía a 6 p. m.) y deportistas nocturnos (de 6 p. m. a medianoche). Durante la duración del estudio, los investigadores rastrearon meticulosamente los casos de muerte por cualquier causa, así como la aparición de enfermedades cardiovasculares y microvasculares. Los resultados revelaron una tendencia notable: las personas que realizaban ejercicio nocturno mostraron los resultados más favorables.
En comparación con sus homólogos sedentarios, los deportistas nocturnos demostraron una notable reducción del 61% en el riesgo de mortalidad por todas las causas, junto con reducciones sustanciales en la probabilidad de enfermedades cardiovasculares y microvasculares. Si bien el ejercicio matutino y vespertino también proporcionó beneficios para la salud, los efectos protectores no fueron tan pronunciados como los observados con la actividad nocturna. Los que hacían ejercicio por la mañana mostraron un riesgo un 33% menor de mortalidad por todas las causas, mientras que los que hacían ejercicio por la tarde mostraron una reducción del 40%, ambos significativamente menores que el 61% observado en los que hacían ejercicio por la noche.
Estos hallazgos tuvieron especial importancia para las personas con diabetes tipo 2, una población que se sabe que lucha contra irregularidades metabólicas. El ejercicio nocturno pareció aún más ventajoso para este grupo, lo que subraya su potencial para mitigar los efectos perjudiciales de las enfermedades crónicas. Los científicos especulan sobre varios mecanismos que subyacen a la mayor eficacia del ejercicio nocturno.

En primer lugar, nuestros cuerpos muestran una mejor gestión del azúcar en sangre más tarde durante el día, lo que potencialmente amplifica los beneficios de la actividad física durante este período. Además, el ejercicio nocturno puede facilitar la eliminación del exceso de glucosa del torrente sanguíneo, algo especialmente crucial para las personas con diabetes propensas a niveles elevados de azúcar en sangre.
El investigador principal del estudio, el Dr. Ahmadi, investigador postdoctoral de la Fundación Nacional del Corazón en el Centro Charles Perkins de la Universidad de Sydney, enfatizó la naturaleza inclusiva de los hallazgos del estudio. Independientemente del tipo de actividad (ya sea ejercicio estructurado o tareas mundanas como las tareas domésticas), cualquier forma de movimiento beneficia la salud.
Sin embargo, los investigadores advierten contra la fijación únicamente en el momento del ejercicio, destacando la suma importancia de la constancia en las rutinas de actividad física. No obstante, para aquellos con la flexibilidad de adaptarse, incorporar un paseo nocturno o una sesión de ejercicio puede generar dividendos sustanciales para salvaguardar la salud y la longevidad.
A la luz de estos hallazgos, el momento de la actividad física justifica una mayor exploración en el ámbito del control de la obesidad y la diabetes. A medida que la investigación continúa, se hace cada vez más evidente que la “prescripción de ejercicio” óptima puede extenderse más allá del ámbito de la mera cantidad para abarcar el momento estratégico.
